15 de enero de 2026 | 10:00 am
Análisis: Las Señales Clave de la Transición Venezolana y los Desafíos que Enfrenta
Por: Raniero Cassoni
Las transiciones políticas rara vez son eventos lineales o declaraciones formales. Se construyen a través de procesos sistémicos que reconfiguran la estructura real del poder, marcados por tensiones internas, reacomodos forzados y disputas entre actores que buscan preservar su influencia. En Venezuela, diversos analistas coinciden en que el país atraviesa una transición por etapas, un marco interpretativo que incluso comparte el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio.

El verdadero desafío no es identificar si hay una transición, sino interpretar correctamente sus señales para evitar confundir gestos tácticos con cambios estructurales, errores que en el pasado han profundizado el estancamiento.
1. La Reconfiguración Interna del Poder: Disputa por el Aparato Coercitivo
Toda transición comienza con un ajuste interno dentro del bloque dominante. En Venezuela, esto se manifiesta como una disputa dentro del chavismo por el control del aparato coercitivo del Estado tras la captura de Nicolás Maduro. Incidentes como el sobrevuelo de drones sobre Miraflores —que activó las defensas antiaéreas— y las demostraciones públicas de fuerza de Diosdado Cabello son indicadores de fragmentación en la cadena de mando.
Esta fase puede derivar en neutralización política selectiva (arrestos, exilios), que, aunque traumáticos, buscan reducir la fragmentación y cerrar la etapa autoritaria, creando condiciones para un reacomodo posterior.
2. La Dimensión Externa: Desplazamiento de Influencias
Un segundo conjunto de señales proviene del entorno internacional. La visibilización de la presencia cubana y la presión estadounidense sobre La Habana buscan limitar su influencia operativa en Caracas. El desplazamiento progresivo de la injerencia cubana y el mayor involucramiento de EE.UU. y aliados occidentales son señales favorables para la transición, aunque responden a cálculos geopolíticos, no a ideales normativos.
3. Los Presos Políticos: El Termómetro del Proceso
El tratamiento de los presos políticos funciona como un indicador estructural. El reconocimiento público de su existencia y los anuncios de liberaciones parciales representan un quiebre discursivo significativo. Las exigencias de la administración Trump, centradas en garantías jurídicas, colocan este tema en el centro de la negociación. Una liberación plena sería una señal robusta de descompresión del conflicto.
4. Liderazgo y Ordenamiento Opositor: Claridad Estratégica
Las transiciones requieren liderazgo reconocible y arquitectura política clara. El rol de María Corina Machado (como operadora política) y Edmundo González Urrutia (como presidente electo reconocido) ha sido determinante para articular respaldo internacional y sostener una narrativa coherente basada en el hilo constitucional y la soberanía popular expresada el 28 de julio de 2024. En este contexto, la claridad estratégica sustituye al carisma como activo central.
5. El Pacto como Condición Sistémica: Los Cinco Pilares Vitales
Ninguna transición se consolida sin un pacto político que redefina el contrato social. Este debe ir más allá de correlaciones electorales e involucrar a líderes democráticos y a disidencias chavistas con capacidad real de incidencia.
La convocatoria de operadores políticos como Ramón Guillermo Aveledo, Gerardo Blyde y Enrique Márquez debería orientarse hacia un Gran Pacto Nacional que configure cinco pilares:
- Gobernabilidad.
- Restitución de las garantías políticas.
- Reordenamiento institucional.
- Marco de justicia transicional.
- Control civil del monopolio de la violencia (subordinación al poder civil).
Sin esta arquitectura, la transición permanece incompleta y podría desembocar en una junta de gobierno como paso intermedio para concretar el pacto institucional.
Conclusión: Un Proceso Frágil y Disputado
La transición venezolana no será un evento fundacional ni un quiebre instantáneo. Será un proceso prolongado, frágil y disputado. La correcta lectura de sus señales no garantiza el éxito, pero sí permite una acción temprana y coordinada por parte de los liderazgos nacionales y la comunidad internacional, orientada hacia el único fin viable: el retorno sostenible a la democracia.

