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27 de enero de 2026 | 10:48 am

Ansiedad Colectiva en Venezuela: El Bombardeo de EE.UU. Deja una Crisis de Salud Mental Silenciosa

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Caracas. Tres semanas después del bombardeo estadounidense en Fuerte Tiuna que culminó con la captura de Nicolás Maduro, Venezuela libra una batalla invisible pero profunda: una crisis de salud mental colectiva. Las líneas de ayuda psicológica trabajan a capacidad máxima atendiendo a una población que, entre el trauma de las explosiones y el miedo a represalias, ve su psiquis quebrarse en «pedacitos».

El 3 de enero, mientras los escombros aún humeaban, la Federación de Psicólogos de Venezuela extendió los horarios de su línea gratuita. Desde entonces, los teléfonos no han parado de sonar, colapsados por llamadas de ciudadanos que no pueden dormir, saltan al menor ruido y reviven constantemente el terror de ese día.

«Cualquier Cosita y Uno Se Despierta»: El Relato del Trauma

“J”, una madre caraqueña que vive a 500 metros de Fuerte Tiuna, relata su nueva realidad bajo condición de anonimato. “Pasa un camión durísimo o suena una corneta, cualquier cosita, y uno se despierta, incluso tomando pastillas”, confiesa con voz temblorosa. Su apartamento se tiñó de amarillo por la humareda y aún revive la vibración descontrolada de su cama y el griterío en los pasillos.

“Siento inseguridad, vergüenza, rabia… pero principalmente siento miedo”, admite. Su mayor terror no es abstracto: “Me da terror que mi hijo salga y pase algo”. Para la psicóloga social Yorelis Acosta, estos son síntomas claros de un estado de alerta permanente y estrés postraumático producto de un «miedo intenso» que se ha instalado en el país.

Preparándose para lo Inevitable: Mochilas de Emergencia y Silencio Forzado

Mientras “J” lucha con sus pensamientos, “L”, otra vecina que vio las flamas de frente desde su apartamento, ha optado por la preparación física. En su armario guarda mochilas de emergencia con alimentos enlatados, agua, botiquín y un cuchillo. “Me falta todavía meterle linternas y galletas”, enumera, como un ritual contra la impotencia. “No puedo parar mi vida en función de que me gane el terror”, afirma, aunque admite su presencia constante.

Este miedo tiene otra capa: la política. Ciudadanos como “M” borran inmediatamente de sus celulares fotos del humo sobre Fuerte Tiuna. “Imagínate si me consiguen eso en la calle”, zanja, reflejando un temor fundado. Organizaciones como Espacio Público reportan revisiones de teléfonos en alcabalas, rastreando palabras como «bombardeo» o «Trump».

“Ese silencio que vemos en la calle tiene que ver con desesperanza aprendida, con miedo a represalias”, analiza Acosta. Foro Penal contabiliza más de 700 detenidos por razones políticas en el país.

Líneas de Ayuda Saturadas: La Mitad Son Crisis de Ansiedad y Pánico

En este contexto, buscar ayuda psicológica se vuelve un acto de valentía y un lujo en un país con servicios públicos colapsados. Paola Hernández, coordinadora de la línea de la Federación de Psicólogos, revela que aproximadamente la mitad de las llamadas son por “síntomas vinculados a ansiedad, ataques de pánico, donde la persona se encuentra muy alterada, angustiada”.

La demanda es tal que los recursos profesionales están siendo desbordados, atendiendo una herida nacional que no sangra, pero que paraliza.

Conclusión: Una Onda Expansiva que Todavía Resuena

La incursión militar del 3 de enero tuvo un objetivo político claro, pero su onda expansiva psicológica ha demostrado ser más vasta y duradera de lo anticipado. Ha dejado al descubierto la frágil salud mental de una población ya agotada por años de crisis económica y represión.

Más allá del cálculo geopolítico, hay madres que no duermen, ciudadanos que saltan con las bocinas y profesionales de la salud mental luchando por contener una marea de angustia. El presidente Donald Trump ha advertido sobre posibles nuevos ataques «de ser necesario», una frase que ahora resuena como una amenaza existencial en millones de hogares.

Venezuela, un país sin guerras formales desde el siglo XIX, está aprendiendo a vivir con el trauma moderno de un bombardeo. Y como resume “J”, con el llanto en la garganta: “Lo único que tenemos es el presente”. Un presente atravesado por el miedo y la incertidumbre de qué otro ruido fuerte podría traer el futuro.

M2Noticias

Bacilio Valenzuela

Director de M2Noticias

Mercadólogo y consultor en comunicación estratégica

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