29 de enero de 2026 | 12:00 am
Cuando los amigos se van sin explicación

Hay dolores silenciosos que no hacen ruido, pero pesan.
Uno de ellos es cuando los amigos del colegio dejan de hablarte sin decir por qué.
No hubo una pelea clara.
No hubo un cierre.
Solo un silencio que llegó de repente… y se quedó.
Para un adolescente, ese silencio no es pequeño. Duele porque confunde. Duele porque hace preguntas que no tienen respuesta:
¿Hice algo mal?
¿Qué cambié?
¿Por qué a mí?
Y la verdad, aunque cueste creerla, es esta: no todo lo que se rompe es culpa tuya.
En la adolescencia, muchas relaciones se sostienen más por pertenecer que por elegir. Los grupos cambian, las personas se dejan influenciar, algunos callan por miedo, otros se alejan sin saber cómo explicar lo que sienten. A veces no hay una razón clara… y eso no significa que no duela.
Pero hay algo importante que necesitas saber hoy:
El silencio de otros no define tu valor.
Que alguien deje de hablarte no te hace menos, no te borra, no te quita lo que eres. Tu valor no depende de ser incluida, invitada o entendida por todos.
Hay momentos en la vida en los que el rechazo no llega para herirte, sino para protegerte. Para apartarte de espacios donde tendrías que reducirte para encajar. Para enseñarte que la amistad verdadera no se construye desde el silencio, sino desde el respeto.
Si hoy te sientes sola en el aula, en el recreo o en los pasillos, quiero que recuerdes esto:
No estás sola.
Este momento no es tu destino. Es solo una etapa, aunque ahora se sienta eterna.
La vida es mucho más grande que ese grupo que hoy no sabe cómo tratarte. Las personas correctas no siempre llegan rápido, pero llegan. Y cuando lo hacen, no te hacen dudar de tu valor, ni te obligan a preguntarte qué hiciste mal para merecer su compañía.
Permítete sentir. Llorar si hace falta. Hablar con alguien de confianza. Pedir ayuda no es debilidad, es valentía.
Y si hoy nadie te lo ha dicho, déjame decírtelo aquí:
No hay nada roto en ti.
No tienes que cambiar para que te quieran.
No tienes que entenderlo todo ahora.
A veces, perder personas es la forma que tiene la vida de abrir espacio para relaciones más sanas, más reales, más tuyas.
Y eso aunque hoy no lo veas también es esperanza.

