8 de enero de 2026 | 10:42 am
Donald Trump: El Arte de la Comunicación, el Drama y la Dominación Geopolítica
Por Alfredo García
“Las naciones no tienen amigos permanentes ni enemigos permanentes; solo intereses permanentes” — Lord Palmerston
La captura de Nicolás Maduro ordenada por el presidente Donald Trump no fue solo una operación militar. Fue el acto final de una obra maestra de comunicación política, un dramático despliegue escénico que corona una década en la que Trump ha redefinido las reglas del poder, demostrando que en el siglo XXI la batalla geopolítica se gana tanto en los tableros de guerra como en la narrativa pública y los feeds de las redes sociales.
Desde su irrupción en 2015, el magnate inmobiliario ha sido catalogado como errático, violento y políticamente incorrecto. Sin embargo, un análisis frío revela a un estratega meticuloso, cuyo mayor acierto ha sido disfrazar golpes maestros de errores de novato, manteniéndose como el tema de conversación central e ineludible a nivel global por más de diez años.

La Estrategia del «Top of Mind» Perpetuo
Trump revolucionó la comunicación al entender una verdad simple y poderosa: en la era de la sobreinformación, lo peor es ser ignorado. Su discurso, descalificado por las élites como de «barricada», resonó profundamente en una base social que se sentía abandonada por la política tradicional.
Cada declaración polémica, cada tweet provocador, cada gesto teatral ha sido un hilo cuidadosamente tejido para un propósito: acaparar la atención absoluta. Esta estrategia lo ha instalado de manera permanente en el «top of mind» de las masas, un logro que ningún otro político contemporáneo ha sostenido por tanto tiempo. Se hable bien o mal de él, nunca pasa desapercibido.
El Guion Perfecto: La Puesta en Escena de la Captura de Maduro
El pasado sábado, el mundo despertó con Trump ejecutando un guion comunicacional impecable. Primero, una aparición sorpresa en Fox News, donde con sorna, humor y aires de victoria, soltó la bomba: Estados Unidos tenía bajo custodia a Nicolás Maduro.
Luego, la rueda de prensa escenificada junto al secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth. No era una mera actualización; era un espectáculo diseñado para maximizar el impacto visual y emocional, presentando la operación como un triunfo histórico y, por supuesto, para que él brillara en el centro.
Finalmente, el asalto a las redes sociales. La cuenta de la Casa Blanca, tradicionalmente un canal formal, se llenó de memes y contenidos humorísticos y provocativos. Este movimiento rompió todos los protocolos para generar tracción, interacción y extender la conversación digitalmente. El objetivo estaba cumplido: provocar emociones encontradas, generar debate y centrar toda la atención en él.
Geopolítica como Narrativa Simbólica
Más allá de la operación militar, la captura de Maduro fue un mensaje geopolítica cargado de simbolismo:
- Reafirmación del Poder Hemisférico: Vende la idea del «poder supremo» de Estados Unidos en su patio trasero, resonando con el lema «Make America Great Again». Es una demostración de fuerza destinada a aliados y adversarios por igual.
- Conquista de la Comunidad Latina: Trump se anota un tanto monumental ante la diáspora venezolana y latina, que lo ha aclamado como un salvador. Transforma una narrativa de confrontación en una de liberación y justicia.
- Polarización Calculada: La operación profundiza la división en el electorado estadounidense. Los republicanos la celebran; los demócratas la condenan. Para Trump, esta polarización no es un efecto colateral, sino un combustible que mantiene viva su base y la narrativa de «nosotros contra ellos».
Conclusión: El Dominio del Tablero Narrativo
En definitiva, Donald Trump ha demostrado que el poder contemporáneo no reside únicamente en las instituciones, sino en la capacidad de moldear la narrativa. La captura de Maduro, más allá de sus implicaciones jurídicas, es la confirmación de que Trump comprende como nadie el valor estratégico de la atención, el impacto emocional y el simbolismo.
En un mundo donde la percepción moldea la realidad política, Trump no se limita a jugar en el tablero geopolítico. Lo domina desde el terreno de la comunicación, convirtiendo cada acontecimiento en un drama épico donde él es, invariablemente, el protagonista absoluto. Ha elevado la política al arte del espectáculo, y el espectáculo, a la vez, se ha convertido en su arma de poder más efectiva.

