20 de noviembre de 2025 | 12:21 am
El Liderazgo que He Visto en la Vida Real (y no en los libros)
Santo Domingo, 20 de noviembre de 2025 | 7:15 AM
Una reflexión honesta sobre por qué la motivación no se delega y por qué debemos dejar atrás la versión romántica del liderazgo.

A lo largo de mi carrera he escuchado mil veces la misma frase: “Un buen líder motiva a su equipo.”
La he visto repetida en libros, conferencias y discursos muy bien elaborados… pero poco aplicables a la realidad del día a día.
Y quiero ser honesta: la motivación no es responsabilidad de un líder.
La motivación es un trabajo interno.
Cada quien debe saber qué lo impulsa, qué lo mueve y cuál es el propósito que sostiene sus decisiones.
He visto profesionales avanzar porque tenían claro su “para qué”, y he visto otros quedarse esperando un elogio para hacer lo que ya saben que deben hacer. En un mundo laboral tan retador, depender del halago es una forma silenciosa de estancarse.
No Puedo Romantizar lo que No Es Romántico
Un líder no está para animar emociones cada mañana.
Un líder está para:
- Dar dirección
- Ordenar prioridades
- Cuidar la estrategia
- Crear un entorno donde la gente pueda crecer si quiere crecer
Pero la responsabilidad de avanzar siempre será individual.
Con los años he aprendido que el liderazgo real no se mide por cuántas “palmaditas” damos, sino por:
- La claridad que ofrecemos
- La coherencia con la que actuamos
- La capacidad de sostener decisiones difíciles
Y también he aprendido que un profesional que necesita constante validación termina agotando al equipo y a sí mismo.
“Un líder eleva el nivel del juego, pero cada quien decide si quiere jugar.”
Es Momento de Modernizar el Concepto
Dejar atrás la idea de que un líder debe ser una fuente inagotable de motivación emocional.
Y asumir una visión más adulta y honesta:
hacer bien tu trabajo no depende de un elogio, depende de tu propósito y responsabilidad personal.
La motivación, igual que la disciplina, es algo que se construye desde adentro.
Cuando dejamos de esperar que otro nos impulse, empezamos a avanzar con otra fuerza.
Esto no lo digo desde la teoría.
Lo digo porque lo he visto, lo he vivido y me ha tocado liderar en contextos donde la realidad pesa más que cualquier libro.
Y si algo tengo claro es esto:
un líder eleva el nivel del juego, pero cada quien decide si quiere jugar.
¿Tú qué opinas? ¿Crees que la motivación debe venir del líder o es 100 % responsabilidad personal? Déjame tu punto de vista en los comentarios. ¡Esta conversación merece ser honesta!
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