Skip to content

26 de marzo de 2026 | 7:00 am

Hay cosas que una aprende a guardar para poder seguir.

Compartir Noticia

No porque no dolieron.
No porque no importaron.
Sino porque la vida continúa… y hay que funcionar.

Ser madre.
Ser esposa.
Trabajar.
Resolver.

Y en medio de todo eso, una también aprende a acomodar lo que siente.
A ponerlo en una esquina del corazón y decir: “ya eso pasó”.

Y sí… pasa.
Pero no siempre se supera.

A veces, simplemente se queda en pausa.

Hasta que un día, sin previo aviso, algo lo toca.
Una conversación.
Una situación.
Un momento inesperado.

Y eso que creías resuelto… vuelve.

No igual.
Pero sí lo suficiente como para removerte por dentro.

Y entonces llega la confusión.

Porque desde afuera todo está bien.
Pero por dentro… algo no encaja del todo.

Y una misma se cuestiona:

“¿Por qué me afecta todavía?”
“Si eso fue hace tanto…”
“¿Será que soy yo?”

Y no.
No siempre eres tú.

A veces es solo una parte de tu historia
que nunca tuvo el espacio para sanar de verdad.

Porque muchas seguimos adelante…
pero no siempre procesamos lo que vivimos.

Y hay heridas que no necesitan más tiempo,
necesitan más conciencia.

Más conversación.
Más verdad.
Más espacio.

No para quedarnos en el pasado,
sino para dejar de cargarlo en silencio.

Aceptar eso no te hace débil.

Te hace honesta.

Contigo.
Con tu historia.
Y con lo que todavía, en algún lugar,
sigue pidiendo ser atendido.