26 de marzo de 2026 | 10:52 am
La guerra de Trump contra Irán se ha convertido en una trampa
Santo Domingo, RD – La idea de que Donald Trump «cayó en una trampa» en su confrontación con Irán gana fuerza con la incorporación de resultados y errores acumulativos que han ido cerrando sus márgenes de maniobra. El desarrollo de los acontecimientos revela una secuencia de decisiones que terminaron empujando a Estados Unidos hacia un terreno estratégico desfavorable.

Trump recurrió a advertencias públicas, despliegues militares y sanciones con la expectativa de que Irán cediera rápidamente. Sin embargo, estas amenazas —lejos de intimidar— reforzaron la narrativa interna del régimen iraní, que ha construido su legitimidad precisamente en la resistencia frente a Estados Unidos. En lugar de aislar a Teherán, contribuyeron a cohesionar sus estructuras de poder.
Error clave: Sobredependencia de Israel
Un segundo error clave fue la sobredependencia de la alianza con Israel como eje de la estrategia regional. El alineamiento total con el gobierno israelí, especialmente en un contexto de alta tensión, redujo la capacidad de Washington para actuar como actor disuasivo creíble y lo convirtió, a ojos de Irán, en parte directa del conflicto. Esto amplificó el riesgo de escalada y cerró espacios para mediaciones indirectas.
Subestimación del Estrecho de Ormuz
A ello se sumó una subestimación crítica de las advertencias sobre el Estrecho de Ormuz. Históricamente, cualquier amenaza sobre este corredor —por donde transita una porción significativa del petróleo mundial— ha sido tratada con extrema cautela. Sin embargo, la estrategia estadounidense pareció ignorar o minimizar ese riesgo. El resultado fue previsible y el conflicto adquirió una dimensión global al impactar los mercados energéticos, trasladando el costo de la confrontación al terreno económico y doméstico.
Ambigüedad estratégica
Otro elemento determinante fue la ambigüedad estratégica. La administración Trump nunca definió con claridad si su objetivo era renegociar, disuadir o provocar un cambio de régimen. Esa indefinición generó señales contradictorias. Mientras se hablaba de negociación, se intensificaban las presiones militares; mientras se insinuaban contactos diplomáticos, Irán los desmentía públicamente, debilitando la credibilidad estadounidense.
La trampa: escalar o retroceder
En este contexto, Irán solo ha necesitado resistir y elevar el costo del conflicto. Al prolongar la crisis, logró colocar a Estados Unidos en el dilema clásico de escalar con riesgos imprevisibles o retroceder sin resultados claros. Esa es, en esencia, la «trampa» : un escenario donde cualquier salida implica pérdidas.
Pero también hay un componente de responsabilidad interna. Trump reaccionó a una dinámica adversa y contribuyó a crearla. Las amenazas excesivas, la falta de escucha a advertencias claves —como las relativas a Ormuz— y una estrategia demasiado dependiente de la presión inmediata terminaron por estrechar sus opciones.
Así, más que una emboscada diseñada por Teherán, lo que emerge es una convergencia entre resistencia iraní y errores estadounidenses. Una trampa, sí, pero en buena medida construida por ambos lados.


