1 de abril de 2026 | 9:58 am
No éramos parte de las estadísticas
Por: Lic. Jeffrin G. Pacheco Reyes

En mi casa, la Semana Santa nunca fue sinónimo de salir, sino de quedarse.
Éramos una familia de cuatro hermanos, guiados por un padre y una madre que siempre nos inculcaron prudencia y recogimiento. Mientras muchos hacían maletas, nosotros hacíamos conciencia. Mi madre preparaba habichuelas, no se comía carne, y el ambiente era de reflexión, de fe, de películas de Jesús y de unión familiar.
Había una frase que marcó nuestra vida: no podíamos ser parte de las estadísticas.
Y hoy, más que nunca, esa enseñanza cobra sentido.
Las calles están más llenas que antes. Más vehículos, más imprudencia, más personas sin licencia, más conductores bajo los efectos del alcohol o sustancias. Hoy no basta con manejar bien; también hay que sobrevivir a los errores de otros.
A eso se suma una realidad que muchos prefieren ignorar: cuando todo está lleno, nada funciona igual. Las piscinas pierden higiene por la cantidad de personas, los bufets sacrifican calidad por volumen y el servicio se vuelve impersonal. Se sale a buscar descanso, y muchas veces se encuentra estrés, desorden y riesgo.
Pero hay algo aún más profundo que se pierde en medio del ruido: el verdadero sentido de estos días. La Semana Santa no nació para el exceso ni para la prisa, sino para la reflexión, el recogimiento y la conexión espiritual. Es un tiempo para mirar hacia adentro, para hacer una pausa en medio de la rutina y recordar lo que realmente importa.
También es un momento para valorar la familia, para sentarse juntos, conversar, compartir, agradecer. Para reencontrarse con la fe, con las enseñanzas que muchas veces dejamos a un lado en medio del ritmo acelerado de la vida. Porque mientras el mundo corre, a veces lo más sabio es detenerse.
Por eso, más que un tiempo de ocio, la Semana Santa debería asumirse como un espacio para reflexionar, para cuidar la vida y para tomar decisiones conscientes.
Quédate. Reflexiona. Ora. Comparte en familia. Mira una película de Jesús. Honra las enseñanzas buenas y cuida tu vida.
Porque, al final, ninguna salida vale más que regresar sano y salvo.
Porque entre una tragedia y una decisión, muchas veces solo hay un instante.
Y en ese instante, decides tú.


