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17 de septiembre de 2026

Chicago (Crítica de Teatro)

17 de septiembre de 2026

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Llanos eleva el musical a su punto más impecable de belleza, musicalidad y expresión escénica. Llanos nos hace sentir un espectáculo integral. Ha consagrado el género

José Rafael Sosa

SANTO DOMINGO. Chicago (José Llanos & María Castillo) es la más reciente consagración del musical como género escénico en la República, una visión crítica que es progresiva y sumatoria sin pretender ignorar o minusvalorar el aporte de tantos artistas, directores y productores desde la aparición, desarrollo y fortalecimiento estético, de los montajes, desde sus ya lejanos primeros pasos en 1950, hasta hoy.

Para el espectador, Chicago 2026 supone respeto, absoluto cuidado de todos sus aspectos: desde el cuidado que se percibe en la perfección de su concepto, la selección de esta trama, crítica a la civilización del espectáculo que seguimos viviendo y sufriendo hoy día, en la cual el delito deja su preeminencia para dar protagonismo al delincuente… como ahora. Amarillismo y al morbo que dominan los medios hace 110 años, alimentando al público con cuchara vacía. Es ese el gran valor temático de Chicago: la validez y permanencia de su mensaje. Como espectáculo, Chicago ha establecido una clase diferenciada de producción, al resumir una estudiada relación de factores en la cual resalta la actuación de su elenco y en particular de sus figuras protagónicas:

Robmariel Olea, mostró en escena una versatilidad artística, particularmente en la interpretación musical, que encarna el protagónico, con un manejo exquisito de su voz y su actuación. Es extraordinaria navegando con impacto en el marco de esta producción. Luego, esta mujer encontró la forma de desarrollar su talento internacionalmente.

Karla Fatule es otro de los puntos luminosos del montaje. Es una artista que hace diferencia y marca su espacio, y lo hace no por su apellido, ni la paternidad heredada. Se ha cultivado y establecido como una marca en nuestro espectáculo. Ha creado una marca, un estilo, una voz, una presencia. Lo que hace con su personaje es tomar el público en un puño y hacerlo viajar a su antojo.

Javier Grullon, la gran sorpresa de la noche, que ha remarcado como nunca antes su fuerza de tenor, y que logró una impresionante brillantez en el registro agudo que destacó por su la claridad, luminosidad y proyección de las notas altas, con agudos de gran belleza y resonancia: Exhibió un dominio del registro agudo con notable control técnico y seguridad. No es el imberbe talento que vimos con La Pinki, ni el joven que desarrolló Amaury Sánchez desde AFA y los muchos musicales que desfilaron por cartelera. Este es otro. Uno que ha crecido y que no nos permite hacer ya la comparación con el pasado. 

Hay muchos otros artistas de este montaje que merecerían detalles, pero son muchos, el tiempo del crítico – marcado por las exigencias del mundo real, y no hay ahora, oportunidad de analizarlos. Podría ser luego. Bajemos los egos; que nada pasa.

La masa danzaría de apoyo, por su sincronía y precisión, acentuadas por vestuario y plataforma musical, alcanza puntos que captaron la sensibilidad del público. Los aplausos en cierres no fueron protocolares: era emoción emanada del reconocimiento del acto artístico.

La plataforma de esos 20 músicos dirigidos por Junior Basurto desde el foso completaba ese aspecto esencial. Mención aparte merece la labor escenográfica, que facilitó un espacio de múltiples propósitos y usos (el ambiente carcelario, extraordinario por su dimensión y diseño) el ambiente urbano de NY de aquellos años iniciales, la introducción de elementos mediante plataforma móvil (bufete, tribunal y otros). Un éxito técnico que se agradece por su precisión.

Un factor al cual regularmente la crítica presta poca atención: el diseño de la imagen del musical desde su publicidad exterior, sus productos en redes sociales, su spot de TV y en especial, el diseño inicial del escenario cuando el espectador entra a la sala y se encuentra con el nombre del musical en letras lumínicas en tamaño de superformato.

Los criterios de este productor vuelven a elevar el género, ahora a su punto más impecable de belleza, musicalidad, expresión escénica. Llanos nos hace sentir que ver el musical es un espectáculo integral para el cual tienen igual importancia la actuación, canto, danza, música, escenografía, vestuario, iluminación, dirección técnica y producción.

Ahora tomó el trofeo de la corona y triunfó: El musical vuelve a reponerse este fin de semana. Sería casi criminal dejar de verlo, si se puede pagar la boleta. 

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