21 de abril de 2026 | 11:49 am
Cien años de Isabel II, la reina que unió dos siglos
Madrid, España – No estaba destinada a reinar, y aun así se convirtió en la guardiana de todo un siglo. Isabel II del Reino Unido hubiera cumplido este 21 de abril cien años.
Al morir el 8 de septiembre de 2022, a los 96 años, la reina británica se llevó consigo el último hilo que nos unía al siglo XX.

Su vida no fue solo una cronología de hechos y eventos, sino un ejercicio de estoicismo que mantuvo a flote una institución que, sobre el papel, padecía todos los signos de caducidad. Hasta Christopher Hitchens, a menudo feroz con la institución, reconoció que la reina británica llenaba un espacio simbólico necesario que evitaba que la política lo devorara todo.
Su poder —coinciden sus biógrafos— no residió en decretos ni imposiciones, sino en la constancia y en la prudencia que sostuvo la monarquía británica mientras el mundo se desmoronaba y se reconstruía varias veces.
La última conexión con el siglo XX
Isabel Alejandra María Windsor nació en Londres, hace cien años, el 21 de abril de 1926 y, aunque no estaba destinada a ser reina, la abdicación de su tío Eduardo VIII por amor a Wallis Simpson y la pronta muerte de su padre, Jorge VI, la llevaron al trono en 1952, con solo 25 años.

Aprendió a ser reina a marchas forzadas y esa transición marcó el tono de un servicio que muchos definieron como un sacrificio del «yo» ante el deber de Estado.
Su reinado, que duró más de siete décadas hasta su fallecimiento, fue el más largo de la historia británica, consolidándola como un símbolo de estabilidad inquebrantable.
Testigo de la historia
Durante sus 70 años de reinado, Isabel II fue testigo de:
- La descolonización de África y Asia
- La Guerra Fría
- La creación de la Commonwealth
- Trabajó con 15 primeros ministros, desde Winston Churchill hasta Liz Truss
Se dice, y no sin razón, que el trono, para ella, fue vivido como un sacerdocio. Isabel II entendió que ser reina no era un trabajo con horario de oficina, sino un compromiso vital, constitucional, que aceptó con una solemnidad casi mística.
Su coronación en junio de 1953 fue el primer gran evento global transmitido por televisión, marcando el inicio de una paradoja que la acompañaría siempre: una reina que todos veían, que siempre estaba, pero a la que nadie conocía realmente.
Felipe, 73 años de matrimonio
Casada durante más de 73 años con el príncipe Felipe de Edimburgo, supo equilibrar su papel como jefa de Estado con una vida personal marcada por su devoción al deber, su amor por los caballos y su afición por los perros corgis.
Se casaron el 20 de noviembre de 1947 en la Abadía de Westminster, tras la Segunda Guerra Mundial, donde Felipe sirvió en la Marina Real. Para unirse a Isabel, el entonces príncipe de Grecia y Dinamarca tuvo que renunciar a sus títulos extranjeros, naturalizarse británico y adoptar el apellido Mountbatten.

Hasta el fallecimiento de Felipe en abril de 2021 a los 99 años, él fue la única persona que la trató como una mujer normal. Fue su «roca» , caminando siempre dos pasos por detrás en el protocolo, pero siendo su confidente absoluto.
La transformación del Imperio en Commonwealth
Si hay un logro político que define su trayectoria fue la transformación del Imperio Británico en la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth) y presidió la descolonización con una «naturalidad» que evitó, en gran medida, el resentimiento hacia la corona.
En 1961, desafió las recomendaciones de su propio gobierno al viajar a Ghana y hasta bailó con Kwame Nkrumah, el líder que luchaba contra el colonialismo. Aquel gesto, captado por las cámaras de todo el mundo, fue más potente que cualquier tratado: la Reina aceptaba la igualdad racial y la soberanía de los nuevos estados.
La «influencia silenciosa»
El historiador y biógrafo Robert Lacey señala que ella entendía el poder no como el mando directo, sino como la continuidad pura. Su papel político fue el de la «influencia silenciosa» .
Winston Churchill, su primer jefe de gobierno, quedó fascinado por su agudeza y admitió que, pese a su juventud, poseía una «autoridad natural» que imponía respeto.
Margaret Thatcher, con quien mantuvo una relación tensa, reconoció en sus memorias que los consejos de la Reina eran «increíblemente acertados».
Una madre fría o una mujer de su tiempo?
Popularmente se la describe como «una madre fría y emocionalmente inaccesible» . Para ella, el deber a la Corona siempre fue prioridad absoluta, lo que la llevó a delegar la crianza de sus hijos en un ejército de nannies.
El propio Carlos III confesó que su infancia estuvo marcada por la soledad y la necesidad constante de aprobación materna. Pero hay que entender que la aristocracia británica de los años 50, el afecto nunca se demostraba.
Con sus hijos menores, Andrés y Eduardo, nacidos una década después, se mostró mucho más relajada. Cambiar las formas para que realmente no cambie nada.
El «Annus Horribilis» de 1992 y la muerte de Diana
El año 1992, su famoso «Annus Horribilis» , marcó un antes y un después. Los divorcios de tres de sus cuatro hijos y el incendio del Castillo de Windsor la obligaron a mostrar, por primera vez, una grieta en su armadura.
La prueba de fuego llegó en 1997 con la muerte de Lady Di. Su decisión inicial de permanecer en el castillo de Balmoral fue vista como una muestra de indiferencia. Fue un momento crítico: la monarquía tambaleó.
Gracias a su capacidad de adaptación, regresó a Londres, se mezcló con la multitud y dio un discurso televisado. Tony Blair comentaría que Isabel II «poseía un instinto de supervivencia institucional que superaba al de cualquier político profesional».
Hasta el último aliento
Su mérito fue ser el punto fijo desde la austeridad de la posguerra hasta el Brexit y la pandemia de COVID. Trabajó hasta el último aliento, cumpliendo su promesa de juventud de que su vida «ya fuera larga o corta, sería de servicio a la corona».
Al recibir a su decimoquinta primera ministra, de pie, impecable, imperturbable, apenas 48 horas antes de morir, cerraba un círculo perfecto de deber: el de una mujer que decidió que dejaría una institución para que pudiera durar mil años más.


