15 de octubre de 2026
Hay etapas en la vida de las mujeres para las que nadie nos prepara, y la perimenopausia definitivamente es una de ellas
15 de octubre de 2026
Hay etapas en la vida de las mujeres para las que nadie nos prepara, y la perimenopausia definitivamente es una de ellas.
Un día queremos abrazar al mundo y al siguiente necesitamos que el mundo nos deje tranquilas. Amanecemos amorosas, comprensivas, dispuestas a escuchar a todos y, horas después, sentimos que nuestra paciencia se fue de vacaciones sin avisarnos.
¡Y lo peor es que muchas veces nadie nos ha hecho nada!
Pasamos del frío al calor en cuestión de minutos. Hay días en los que nos conmueve cualquier situación y queremos ayudar a todo el que se nos acerca, y otros en los que apenas tenemos energía para lidiar con nuestras propias emociones.
Y mientras todo esto sucede, seguimos siendo madres, esposas, profesionales, amigas… trabajando, resolviendo problemas, cuidando de nuestras familias y tratando de mantener la cordura mientras nuestras hormonas parecen tener una agenda completamente distinta a la nuestra.
Lo más curioso es que muchas veces ni nosotras mismas entendemos lo que nos está pasando.
Y entonces llega la culpa.
Porque no queremos perder la paciencia con nuestros hijos, contestarle mal a nuestra pareja ni reaccionar de manera exagerada ante situaciones que antes manejábamos con tranquilidad.
Pero ¿por qué nos cuesta tanto hablar de esto?
Durante años hemos aprendido a enfrentar los cambios de nuestro cuerpo con discreción, como si reconocerlos fuera una señal de debilidad. Sin embargo, la perimenopausia no debería ser motivo de vergüenza ni una batalla que tengamos que librar en silencio .
Necesitamos hablar de ella, informarnos, buscar ayuda cuando sea necesario y, sobre todo, tratarnos con más comprensión .
Eso sí, tampoco podemos utilizar nuestras hormonas como excusa para llevarnos por delante a todo el que se cruce en nuestro camino. ¡Aunque algunos días las ganas no falten!
Una etapa para aprender
Quizás esta etapa también venga a enseñarnos algo: a detenernos, a reconocer nuestros límites, a pedir espacio sin sentir culpa y a comprender que no tenemos que estar disponibles para todo el mundo a todas horas.
Y en medio de tantos cambios, la oración sigue siendo un refugio maravilloso.
Porque hay mañanas en las que nuestra conversación con Dios podría resumirse así:
Señor, danos paciencia para aceptar estos cambios, sabiduría para controlar nuestras palabras y serenidad para no perder los estribos. Y, si es posible, que hoy nadie venga a ponernos a prueba. Amén.
A todas las mujeres que estamos atravesando esta etapa, quisiera recordarles que seguimos siendo las mismas mujeres valiosas, capaces de amar, de construir, de soñar y de disfrutar la vida.
No estamos perdiendo nuestra esencia. Nuestro cuerpo está cambiando y necesitamos aprender a escucharlo, atenderlo y respetarlo.
Hablemos de la perimenopausia con naturalidad, sin vergüenza, sin dramatismos y, cuando podamos, con una buena dosis de humor .
Porque nuestros cambios hormonales no deberían robarnos la alegría de vivir ni hacernos olvidar lo maravillosa que sigue siendo esta etapa de nuestra vida.
Y si algún día nos encuentran demasiado calladas, no se preocupen. Quizás no estamos de mal humor…
¡Simplemente estamos orando por nuestra paciencia y por la tranquilidad de quienes nos rodean!
Punto de Encuentro
Reflexiones que dejan huellas.

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