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8 de octubre de 2026

La gente buena se siembra

8 de octubre de 2026

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El otro día estaba escuchando en Spotify una canción que me gusta mucho. Terminó y comenzó otra que yo no había elegido. Estuve a punto de cambiarla, pero algo me hizo prestar atención.

Era La Fiesta, de Pedro Capó.

¡Guau!

Me chocó. Me hizo reír por momentos y, sobre todo, me hizo pensar.

Porque habla de la muerte de una manera completamente distinta a como nos enseñaron. Sin tanta solemnidad, sin dramatismo. Casi diciendo: cuando me toque, no conviertan mi partida solamente en tristeza. No me traigan flores, traigan vino. Si uno se muere una sola vez, también habrá que celebrar que vivió.

Y pensé: qué giro le daríamos a nuestra vida si entendiéramos eso de verdad.

Tenemos una costumbre extraña de dejar lo mejor para cuando ya es demasiado tarde.

Las flores cuando la persona murió. Los homenajes cuando ya no puede escucharlos. Las publicaciones diciendo cuánto la amábamos cuando ya no puede leerlas. Nos reunimos, contamos sus anécdotas, hablamos de lo buena que era, de cuánto nos ayudó, de cuánto significó para nosotros…

¿Y se lo dijimos mientras estaba aquí?

Quizás las flores deberían llegar antes.

Quizás el vino deberíamos abrirlo ahora.

Quizás esa llamada que llevamos semanas posponiendo hay que hacerla hoy. Visitar a nuestros padres. Reconciliarnos con ese hermano. Sentarnos con los amigos sin mirar el reloj. Usar la vajilla bonita un martes cualquiera. Hacer el viaje. Dar el abrazo. Decir “te quiero”. Pedir perdón aunque todavía creamos que tenemos un poco de razón.

Porque vivimos como si supiéramos cuánto tiempo nos queda.

Y no lo sabemos.

Hay otra idea de la canción que se me quedó clavada: “La gente buena no se entierra, se siembra”.

¡Qué frase!

Porque entonces la pregunta cambia. Ya no es solamente cuándo nos vamos, sino qué dejamos sembrado cuando nos toque irnos.

¿De qué sirve haber tenido tanto si nuestra ausencia no deja amor? ¿De qué sirve ganar todas las discusiones si perdimos personas en el camino? ¿De qué sirve preocuparnos tanto por lo que la gente piensa de nosotros si quizás no estamos dedicando suficiente tiempo a pensar cómo hacemos sentir a quienes tenemos cerca?

No quiero romantizar la muerte. Le temo como cualquiera. Pero esa canción logró algo extraño: me hizo pensar en ella sin tristeza.

Me hizo pensar en la vida.

En que quizás hemos entendido algunas cosas al revés. Celebramos demasiado tarde. Perdonamos demasiado tarde. Agradecemos demasiado tarde. Y muchas veces amamos en silencio creyendo que el otro sabe.

Desde que escuché La Fiesta me quedó dando vueltas una idea:

Cuando llegue mi momento, claro que pueden llorarme. Pero espero haber vivido de una manera que también tengan historias para reírse. Que recuerden mis ocurrencias, mis defectos, mis locuras, mis abrazos, las veces que estuve y hasta las veces que metí la pata.

Y si quieren llevarme flores, está bien.

Pero por favor, no esperen hasta ese día para dármelas.

Las quiero ahora que puedo olerlas.

Y el vino…

ese sí podemos abrirlo desde hoy.

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